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Conversaciones sobre la sonrisa (y II)






Ainhara M. Lizarazu: ¿Por qué los individuos recompensamos, de manera casi automática y sin poder evitarlo, una sonrisa con OTRA sonrisa? ¿Son las neuronas en espejo?

Juan José Poza: La sonrisa es la primera actitud de interacción social. Un bebé sonríe, interacciona y provoca una respuesta similar en la madre (otra sonrisa). Cuando llora, pide y se le da para que calle. Neuronas en espejo. Algo así como: "yo te demuestro que quiero ser agradable y tú me respondes con predisposición a ser también agradable".

A: Pero un bebé reacciona ante el hambre o necesidad de comer, llorando, como acto básico de supervivencia (creo que como aprendizaje innato o heredado) y por lo tanto no necesita del ejercicio de la voluntad. No hace falta “querer llorar”. Simplemente, llora. Pero en el caso de la sonrisa, hablas de “querer” como deseo. No lo veo posible en un bebé. Sí en un adulto.

J: La programación está en nuestro cerebro desde el nacimiento. Madura y es utilizada. Un bebé de 10 meses es capaz de simular una sonrisa cuando se le acerca un adulto, como actitud de apaciguamiento. Pero la sonrisa genuina, franca, se la reserva a su madre . No es nuestro cerebro reptiliano el que sonríe. Es algo mucho mas reciente en la evolución. Ni siquiera los chimpancés, nuestros primos mas cercanos, sonríen de verdad.

A: ¿En qué momento pasamos del gesto de apertura de boca-dientes como amenaza, a la sonrisa?

J: Es curiosa la evolución del gesto. Elevar los labios, incluso mostrar los dientes, en general, en la escala animal, es un gesto agresivo. Los seres humanos hemos sublimado el gesto y lo hemos convertido en algo tranquilo y apaciguador. Pero posiblemente somos los únicos animales que sonreímos. No hay sino ver la mueca que intentan hacer los chimpancés cuando nos imitan. Alargan los labios, pero no se parece a una sonrisa.

Quizás lo mas llamativo de la sonrisa sea la acción del músculo zigomático mayor tirando de las comisuras labiales hacia los lados y ligeramente hacia arriba. Es lo que hacemos cuando ponemos una sonrisa para hacer la foto. Pero la parte mas genuina de la sonrisa está en la ligera contracción del orbicular de los párpados que pinta la sonrisa en la mirada. Esa combinación, mas difícil de simular, es lo que refleja el verdadero sentimiento de la sonrisa. Cuando aprendimos a hacer eso, empezamos a utilizar la sonrisa como elemento de cohesión social. La sonrisa fingida no es del todo igual a la real. Manifiesta una intención, pero no tanto un sentimiento. Toca interpretar al que lo ve si la intención del que la hace es engañar o introducir un mensaje de calma que aún no siente. En la sonrisa real, la cara está relajada, salvo zigomático mayor y orbicular de los párpados que se contraen ligeramente, sin forzar. La sonrisa fingida es algo más crispada. Y el gesto más real es el de la mirada. En las culturas, como la japonesa, que tienden a ocultar las emociones, los emoticonos preferidos para expresar alegría son los que curvan los ojos. Los americanos, mucho mas tendentes a expresar emociones, se fijan mas en los labios.

A: ¿Y qué se produce en nuestro cerebro para que cuando vemos una sonrisa sonriamos automáticamente?

J: Es una reacción de apaciguamiento. "Yo indico que estoy de buenas, que soy amistoso contigo y tú me respondes que también". Si no hay respuesta en el mismo sentido, provoca en mí una reacción de alarma. Es como ofrecer la mano: implica una reacción similar o se crea una hostilidad. Además, la expresión no se limita a la boca. Toda la cara sonríe. Ahora, con la mascarilla, somos mas conscientes de la belleza de una sonrisa bailando en la mirada. La especie humana es sociable. Eso exige un código de lenguaje no verbal que exprese solidaridad de grupo y ausencia de hostilidad. El elemento fundamental de ese código, es la sonrisa. La sonrisa es contagiosa. Es difícil mantenerse serio en un grupo donde los demas sonríen.

A: ¿Y cuál es la explicación a ésto?

J: Ver a alguien que sonríe, hace que nos relajemos y nos sintamos predispuestos a colaborar con él. La actividad de la musculatura facial estimula los centros de recompensa, el núcleo acumbens, y aumenta la produccion de dopamina y endorfinas. Es un circuito que se retroalimenta. La sensación de felicidad, de bienestar, nos hace sonreir, y la activación facial refuerza la sensación de felicidad. Además, se contagia. Nuestras neuronas en espejo captan la actitud positiva y la reflejan. Ver una sonrisa, nos hace sonreir. Ésto baja la presión arterial y reduce la frecuencia cardíaca. La producción de hormonas de estrés, como la adrenalina, baja. Nos sentimos recompensados, satisfechos, felices en ese momento.

A: Así que si sonreímos, aún sin desearlo o sentirlo verdaderamente, el cerebro "entiende" que estamos contentos y consecuentemente somos REALMENTE más felices. O sea, un estado de felicidad efímero o de bienestar se puede generar con el simple hecho de sonreír, aunque sea una impostura...

J: Sí, así es.





* Ainhara M. Lizarazu es profesora y periodista.

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